Cantar en un coro es una gran experiencia, es una linda manera para que cualquier persona que quiera acercarse a la música lo haga. Uno de los aspectos más interesantes es que cuando cantamos en coro, lo hacemos en sociedad. Compartimos con el grupo una experiencia musical. Es una conexión, una comunicación muy particular.
En función de eso siempre se busca el ensamble de las voces. Entre los distintos integrantes de la cuerda, y entre las cuerdas mismas (las cuerdas son los distintos registros, o tipos de voz de los que hable antes. Generalmente en coros se dividen en soprano, contralto, tenor y bajo). Como dicen los maestros directores, que las voces no aforen. Que se deje de lado la presencia individual de cada voz y se aúnen en un sonido único… este es el punto en el que el canto coral empieza a generar problemas vocales.
Para lograr ese empaste que el director requiere (hablo de coros de cámara, a capella sobretodo) es necesario que cada cantante se adecue a los demás, y a lo que pide la partitura, lo cual a veces es mucho para las posibilidades vocales de algunos integrantes. Lamentablemente cuando uno no tiene la técnica necesaria empieza a adquirir vicios y a fonar de manera incorrecta para lograrlo. Por eso es importante que el director sepa manejar a sus coreutas y saque el mejor provecho de las voces de las que dispone. Hay coros que tienen además del director un profesor/a de técnica vocal.
Más allá del inconveniente técnico, la experiencia muy buena. Sobretodo desarrolla muchísimo el oído armónico y la musicalidad.
Les dejo unos videos de dos grandes coros Argentinos, el Estudio Coral dirigido por Mtro Puccio y el del conservatorio de Morón por el Mtro Saccente (del cual fui parte)
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